domingo, 27 de diciembre de 2009
A la Cultura por la sorpresa
viernes, 11 de diciembre de 2009
El río Duero a su paso por Soria

martes, 8 de diciembre de 2009
Madrid en diciembre

Os dejo esta imagen, sobre la que no me ha dolido en prenda emplear un tiempo considerable en adecentarla en el cuarto oscuro digital. Era ya tarde para que la luz desvelara el detalle de las estatuas. En esta ocasión, y a pesar de las limitaciones del objetivo, creo haber conseguido una buena claridad y un enfoque bastante preciso. A ver si os gusta. Salud
martes, 17 de noviembre de 2009
Entre espinos

martes, 20 de octubre de 2009
Revolución económica
Para quien quiera leer el artículo sin necesidad de descargarlo, os dejo el siguiente link:
http://content.yudu.com/Library/A1i1hw/Revolucineconmica/
Haciendo clic en la esquina que aparece doblada irán pasando las hojas. Salud
viernes, 9 de octubre de 2009
Paleta de colores
miércoles, 7 de octubre de 2009
¡Enhorabuena a "alterega"!

Datos EXIF: Cámara CANON EOS 40D- 1/60 seg./F4/ISO 400/Distancia focal 100 mm.
lunes, 28 de septiembre de 2009
Caleidoscopio de intrigas e imágenes

domingo, 13 de septiembre de 2009
Machado, poeta de la imagen

jueves, 20 de agosto de 2009
Breve nota de verano

Los chiringuitos los he encontrado menos concurridos que otras veces, quizás les esté bien empleado a algunos por los abusos cometidos cuando las vacas eran gordas. Olvidaron que también existe el karma en los negocios: siempre se recoge lo que se siembra. Cuando se siembran abusos es muy fácil recoger desbandadas. Lo de "hacer el agosto" es la consigna en la que muchos se han venido aplicando de forma escandalosa. Pero este año a las vacas gordas se les han secado las ubres, y no han dado para mucho.
Retomo lo expresamente lúdico, y me olvido del sablazo que me dieron por una ración de gambas con añadido ensaladero de dudosa presentación. Ya lo dice Serrat en una de sus canciones: no hay que confundir valor y precio. Pero los hay que no se enteran.
Algunos chiringuitos recurren a la cosa del meneíto como fórmula de reclamo, y observo como en una de estas terrazas playeras un par de jóvenes se contonean a punto de descoyuntarse. La más atrevida exhibe sus pechos lozanos al son de Michael Jackson, que este año es más moda que nunca. Los carroñeros de siempre son expertos en festejar la muerte del mito con la rentabilidad que siempre supone su revival. Continuo divagando y me pregunto bajo el sopor de mi sombrero cuánto les habrán pagado a las jóvenes animadoras, compulsivas incansables del Thriller y otros ritmos, por sus muchas horas de inagotable cimbreo; mi hija me dice que apuesta a que no más de cinco euros la hora, y yo le digo que por ese precio no hay cuerpo que aguante semejante entrar en trance. Pero a pesar del señuelo playero, la gente no se deja arrastrar facilmente hasta la barra, ni se atreve a sentarse en una mesa por miedo a que le claven. No consumen, como mucho, la euforia de la música les lleva a compartir una cerveza. La mayoría se conforman con observar sentados desde la arena a las ninfas bronceadas que continuan danzando como posesas, émulas del inolvidable clásico de Sidney Pollack. La sensualidad y el descaro de las jóvenes gogós es una alternativa refrescante. Aún danzarán algunas horas más, probablemente hasta que el sol decline y la gente comience a desmontar sus tenderetes; luego entrará en juego la noche y el botellón colectivo, coartada de una berrea sutil inconfesable, desbordante de alcohol y testorena, sobre la que el inolvidable Camus, agudo observador de hordas y delirios, volvería de nuevo a purificarse presintiéndose una vez más inocente en medio del gentío. Es la estampa de nuestro siglo, el diseño de la nueva bandera que los tiempos nos han traído, la de la consigna nietzscheana del Carpe Diem, unida a aquella otra de Sigmund Freud: el sexo es el motor de la vida.
La España de Machado no nos queda tan lejos. Las fiestas de agosto se suceden en uno y otro pueblo, y las ventas ambulantes se pueblan de nómadas que lo han apostado todo a la cosa de intentar comer del quiosco o el mercadillo.
No me quedo a comprobar el hasta cuando de la danza y el bullicio playero, soy hombre de sol lo justo, y por lo que respecta al mar, me subyuga tan sólo su silencio, su mensaje encriptado irresoluble, ese empequeñecer en el que entro cada vez que trato inutilmente de adivinar sus contornos. Me retiro a mi Capua particular, un pequeño bungalow cerca de Santa Pola, como lo hacen las aves que veo regresar a los humedales. Las ánades comienzan a tintar las charcas de súbito colorido con sus vistosos plumajes, y el de algunos pelícanos fucsia junto a un puñado de elegantes zancudas. Reconozco cercanos sus familiares ululatos. Comienza el recogimiento, la cita puntual con los inefables ritmos del orbe, a pesar de que el sol aún se resiste a caer tras el horizonte. Mañana será otro día, forzosamente repetitivo y bullicioso, desbordante de música invisible y azulada; como una breve nota de verano que presagiara lo que en breve será, nuevamente otoño.
miércoles, 1 de julio de 2009
martes, 30 de junio de 2009


lunes, 6 de abril de 2009
VISIONES DEL AGUA Y UN POCO DE HUMOR

martes, 20 de enero de 2009
Un proyecto con vocación colectiva
jueves, 15 de enero de 2009
QUÍMICA CON MI CANON
Hola gente. Aquí os dejo dos imágenes que dan una idea de lo que puede llegar a ser la técnica HDR en fotografía. Desde que comencé a hablar (algunas secciones más abajo) de estas fotografías, no he dejado de buscar los mejores resultados posibles. Creo que estas dos fotos son las mejores que he conseguido hasta ahora. Con algo (o mucha) de imaginación podríamos decir que hasta el Retiro de Madrid cobra tintes de pequeño Taj Mahal. Creo que no me equivocaba cuando hablaba de las fascinantes sugerencias que producen las HDR. Estas las hice al día siguiente de la famosa nevada en Madrid, cuando la capital del reino se llenó de "friquis" tirando fotos; yo entre ellos :) Una de ellas me ha quedado muy aparente como fondo de escritorio en mi computadora. Espero que os gusten. Salud
lunes, 12 de enero de 2009
Sobre curiosas analogías

Cabe pensar que de esta facilidad que tenemos para relacionar palabras con imágenes surgió una comunicación íntima, prolija y misteriosa. Nuestra facultad de imaginar dio sentido al cuento, y aprendimos a recrear en nuestra imaginación lo que el escritor supo urdir mágicamente con la letra.
Viremos de camino y entremos ahora en el subconsciente de otras analogías; como por ejemplo el mundo fascinante de los colores ¿Quién de vosotros no asoció en algún momento el rojo con la violencia, con la estridencia de la sangre, o con el ardor secreto que embriaga a los amantes? Si por esta senda de las policromías nos topamos con el azul, muchos dirán de inmediato que fueron los celos quienes forjaron este color, o la percepción impresionable de algún poeta sumergido en su mundo mientras buscaba armonías. El azul es mi color, el de la rosa imposible sobre la que ya escribiera en algún cuento. La euforia de los sapos que le trovan incansables a la noche, también el nombre de la ciudad que habitan las nostalgias. Si hablamos del negro, ¿quién de vosotros, en algún momento, no lo asoció a la muerte, o al color bajo la venda que ciega los ojos del condenado, mientras las puntas de veinte fusiles arañan su aliento. También el negro es el color de la luz boca abajo, el de la oruga en su nicho, el del adúcar de la mariposa que espera paciente su primer vuelo. El rosa es el color de la confusión entre sexos. Este color es ambivalente y da mucho juego, es festivo, estridente, informal; para los conservadores de las formas un insulto. Pero también la frivolidad del rosa se opone al rigor de la llaga de Cristo, y se reconoce en el matiz que colorea el envés del sexo. Rosa es el color del tren del pasado que los años tornaron en sepia. El color de la herida que sangra cuando la lanza de la nostalgia hurgó certera en la fragilidad de un olvido.